La Democracia no existe. Es cierto, es así. Lo compruebo cada día. Lo compruebo en el seno mismo de la organización que promulga la democracia, defiende la democracia, predica la democracia pero no con el ejemplo. Si eso es lo que hace que la democracia, cuánta palabra en la boca, no exista como tal. ¿Después de todo el tiempo siempre la misma gente en los mismos puestos? ¿Sin asambleas? ¿Sin elecciones a juntas directivas? ¿Sin actas de sesiones de ningún tipo? ¿sin más socios ni socias solamente trabajadoras y trabajadores? Me parece a mí que la democracia, si es eso, no es lo que defiendo. Y me he hecho partícipe de todo ese tinglado porque justificaba los medios los fines, no hay otra cosa, sin duda. Pero realmente, los fines jamás deberían justificar los medios para lograr ese fin. Creo más bien, que construir algo con las palabras educación en libertad y democracia, quizá lo de libertad puede que sí, pero democracia, como que no. La libertad de poder hacer lo que quieras, en cualquier momento, por supuesto. Eso sí está, siempre y cuando el promotor, por supuesto. Hablaría yo de cacique, entonces o dictador. Esa palabra se ajusta más. Dictaduras hay muchas, al fin y al cabo, hacer y deshacer de boca de una única persona, aunque sea con palabras agradables (que yo entrecomillaría, también), aunque sea con justificaciones y razones libertarias, no deja de ser una dictadura. Sin cambios, más que los previstos; sin más voces, más que la solemne, sin más posibilidades, más que la única dirección marcada.
La crisis del sistema es mucho más importante y peligrosa que la crisis económica. El sistema es la base de lo demás, es la tierra sobre la que se asientan muchas raíces, el agua que lleva la vida, el sol que da la energía. Si el sistema falla, el desplome puede ser tremendo, aunque no por ello conlleve al caos. Más bien a un replanteamiento de esquemas, de formas de hacer, de decidir, de repartir, de hacer participar. De lo contrario, volverá a ser lo mismo que era pero con una cara nueva. Llevas años pensando y siendo parte del proyecto y de pronto te das cuenta de que es cierto, en parte.
Igual que llegó la inspiración, se fue, se va, desaparece. El mismo cielo que hizo caer toda esa fuente de ilusiones, es el que se cubre de nubes y derrama agua en demasía, haciendo que la corriente incontrolada arrastre con ella todo. Porque una vez el cielo fue azul, no quiere decir que siempre tenga el mismo azul y haya que estar bajo esa cubierta. Sería como dejar que un maltrato esté justificado por el bonito paisaje anterior y las bonitas sensaciones vividas. Que me quiten lo bailao, sin duda, pero ¿por qué dejar de bailar?
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