Hoy estoy muy enfadada, y voy a compartirlo aquí. Es una descarga porque, al tratarse de Iván, pocas veces me podéis pedir objetividad y tranquilidad. Por él, cualquier cosa.
Pues hoy estoy enfadada porque me causa esa ira contemplar que en el entorno de Iván, ese en el que él es el primero para cualquier cosa, no parece que sea así. Al menos, la situación es lo que me transmite.
Su enfermedad, crónica, sin tratamiento conocido, hace que él sea más vulnerable cuando padece una infección respiratoria del tipo que sea (vírica, bacteriana o de cualquier otro agente patógeno que provoque la aparición de las defensas llamadas mocos ) y por lo tanto siempre estamos vigilando cualquier posible encuentro con este tipo de elementos para evitar el contacto o contagio.
En estos días, estos elementos están en su propia casa, y no es él el portador, si no una "inquilina" que, más allá de comprometerse con Iván y mirar por él, bien sea por cariño, por amor o por actuación falsa hacia su pareja en la que demostrarle que ella quiere (mentira ahora y siempre) a ese niño como si fuera su sobrino realmente, pues no ha evitado la convivencia con el niño y ahí está, compartiendo el espacio, impregnando el ambiente, enclaustrada entre cuatro paredes para que, atención, no pueda decirse que ella ha propiciado o provocado una posible infección en Iván.
No obstante, sin esperar ese compromiso, sea cual fuere la naturaleza que lo provocara, quien peca del mismo delito es su pareja, que tanto dice querer al niño y que no ha invitado, si no había salido ya de ella, a su susodicha a abandonar la habitación en la que se encuentra recluida, para eliminar cualquier posibilidad de contagio. Para mí esta decisión y actuación es la que ha provocado el asombro total, primero, y el enfado inmediato después. No solamente por eludir esa responsabilidad desde el principio, sino por mantener la situación tal cual durante más días. Incomprensible, increíble para mí, imperdonable.
Quizá el miedo a no sé qué ha hecho que no se haya tomado esa decisión por parte de las personas adultas que rodean al niño, quizá, no lo sé. Pero de cualquier forma, considero que, más allá de un fallo o no acierto, es un acto irresponsable. Sobre todo cuando existe la posibilidad de que la enferma en cuestión se desplace hasta su casa, a unos metros de distancia, para ser cuidada por quienes sí pueden hacerlo, su familia, y evitar la suerte de un contagio al niño, del tipo que sea. Os recuerdo, que la debilidad muscular de Iván le podría conllevar la muerte por ahogamiento y asfixia al no poder mover los mocos si éstos fueran bastante abundantes. Además de llevar dos días en casa sin ir al colegio porque, precisamente, está un tanto afectado ya por mocos y fiebre, y no queremos que pueda entrar en contacto con otros niños y niñas que pueden propiciar una infección. ¿Para qué tentar la suerte? digo yo.... Sigo sin entenderlo. Sigo sin compartirlo.
0 comentarios :
Publicar un comentario
¿Algo que añadir, quitar, comentar?