Llegar a casa, con el marco en la mano, después de buscar por todas partes el que mejor se ajusta al puzzle, y empezar a hablar con el compi de piso, con quien no tenía intención ninguna de charlar hoy, porque quizá hoy estaba muy cansada, tremendamente cansada por el agotador día de tensión y emoción, y descubrir que el marco es justamente el mejor de todos, no se me ocurre otro que confiera a este Guernika tanta solemnidad y pasión, y descorchar una botella de vino, para después comenzar a divagar sobre asuntos terrenales y emocionales, y unirse entonces, en comunión mágica, sorprendente, inesperada, el otro compañero de piso, con el que llevo tanto tiempo de convivencia, con quien me gusta tanto charlar últimamente (aunque, no desde el principio, pero bastante más atrás en el tiempo, sé que charlar con él es bastante enriquecedor y diferente para mí) de cualquier tema, especialmente de economía, educación y política, sobre todo política, nos fascina, y mantener una conversación a tres bandas en inglés, un inglés fluido, para después compartir quesos deliciosos, jamón y más vino, hasta llegar al punto de encontrar en ese compañero de piso de tanto tiempo la razón por la que seguimos viviendo juntas, la razón por la que hemos encontrado un equilibrio ideal en una situación a veces extraordinaria, como es toda una filosofía positiva de la vida, quién lo iba a decir, y llegar a la habitación dichosa, feliz, afortunada, con ganas de compartir, aún más si cabe, la profunda convicción de que las sumas se convierten en multiplicaciones, de que las alegrías compartidas transcienden las fronteras del bien y del mal, de que el fluir sencillo de nuestros días hacen de cada instante una extraordinaria pieza única de satisfacción por exprimir cada gota de vida que transcurre imperceptible en el devenir del tiempo, que no cesa.
Ipso facto, acude a mi boca digital
un recuerdo lacónico
que gira en derredor,
como los días retorcidos
en que el olvido se torna capitán,
y detiene al timonel
para contemplar
el insondable mar del saber.
Sumas y no restas,
añadiduras y no detracción,
apertura y no cerrazón,
mi encierro de cristal empañado,
empedrado camino destrucción de razón.
La cómoda sinergia ilusa
de momentos de frustración y devastación,
agotadora imagen de impuesta felicidad
ficticia,
andrajoso cariño forzado
de tremebunda celosa ficción,
como fantasma incauto errando
por lares de marchita pasión,
un estrepitoso silencio
en comitiva hacia el fin, ..... por fin.
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