lunes, 9 de febrero de 2015

La 4ª fila

Leo Bassi, o cómo la 4 fila te puede parecer alta sociedad. 
El sábado, a pesar del gripazo, fuimos a ver el espectáculo BOB (Best Of Bassi), del bufón Leo Bassi, como él se autodenomina. Cuando saqué las entradas, no tenía ni idea de nada de él, solo que había sido polémico por el Belén que montó en Madrid hace unos años para Navidad en el que aparecían los check-points israelíes por aquellas fronteras, cosa que no gustó mucho a la embajada de Israel en España y a los sectores afines al PP, por supuesto. Me agencié las butacas en la 4ª fila, la más atrás dentro de las opciones libres que se podían sacar online (el resto de butacas no estaba disponible online, había que adquirirlas en taquilla), justo en el centro para no perder mucha visibilidad. 
La crítica mordaz que hace del capitalismo y de la política es bestial, genuina, única. A través de sus performances, si no entiendes bien sus palabras, la experiencia que vives allí sentada no precisa de mucha explicación ciertamente. La provocación se queda corta. Cada frase, cada gesto que hace, incluso las coreografías que montó encima del escenario al hacer su crítica al capitalismo con las latas del refresco capitalista por antonomasia, la coca-cola, son incisivas y se te clavan en la piel. Estando en la 4ª fila, la manera de exponerla nos hizo sentir como si fuéramos seres provenientes del barrio de Salamanca, por lo menos, si no de la Moraleja. Increíble. El público de las filas postreras, crecido, alentado por las palabras de Bassi, disfrutando de la humillación a la que el espectáculo sometía a las personas ricas, adineradas, al margen opulento de la sociedad, como si realmente estuvieran allí sentadas esas personas que viven en su burbuja de aislamiento total que es pertenecer a la clase alta y poderosa de la sociedad capitalista. Las personas de las filas de atrás disfrutando de una comedia como si se tratara de un linchamiento real de las clases altas. Increíble. Como increíble el momento, en que compara las reacciones de las personas aquí, en España e Italia, con las personas del norte de Europa, que más allá de hacer un chiste sobre las diferencias culturales de la sociedad nórdica y regocijarnos en nuestro ombligo mediterráneo, nos ridiculizó sobremanera en cuanto a la filosofía de sociedad: solidaridad, buscar proteger y afectar al menor número de personas de un mal; compartir, ayudar, aunque fuera solamente para evitar que el líquido de las latas mojara a las filas de atrás. Así se vivió la solidaridad, sí. 
Ese fue el espectáculo potente, genuino de su crítica al capitalismo. Enlazado, perfectamente, con temas de rabiosa actualidad, como es la ridícula atención que se le está prestando al hecho de que Monedero realice una declaración voluntaria a Hacienda de unos ridículos euros comparado con el escandaloso desfalco financiero que es Gürtel, Bárcenas y compañía. Pasar de la risa colectiva motivada por el linchamiento de los estamentos pudientes, a hacernos vivir y sentir el poder de machacar a alguien, de reírse de alguien, de tener impunidad a la hora de elegir a una persona como chivo expiatorio al explicar que iba a estampar un plato repleto de crema de afeitar sobre la cara de alguien del público. De 233 personas, 232 iban a reírse de lo lindo, frente a 1 que no lo iba a hacer tanto, por no decir nada. 232 opciones de reírse de una única persona. Jugar con la suerte o el infortunio de ser la elegida para que el resto se mofe y se ría, jugar con la opción de convertirte en el hazmerreír de la sala completa, por qué no del país. Y de pronto, extrapolarlo al panorama actual de las televisiones y la profesión cómica, para concluir que los principios no hay que olvidarlos. Y por eso, porque no forma parte de sus principios abusar de poder, girarse, subir al escenario y estamparse el plato de crema de afeitar sobre su propia cara. ¡Magnífico! No se podría expresar mejor. Principios, importante... sin duda. 
A modo de conclusión, imponente y apabullante escenografía por su parte en la que nos invita a ser únicas, a ser individuos e individuas genuinas y no tener miedo a serlo, porque al fin y al cabo, ¿qué hacen con la diversidad, con la unicidad la homogeneidad social? 
Me ha gustado mucho Leo Bassi, anima a seguir adelante sin miedo. Una persona que ha vivido tanto, que ha visto tanto, y que sigue con energía para dar y regalar, transmite mucho ánimo, mucha fuerza y además, mucha risa. Porque la batalla de la justicia y la igualdad con sonrisas y carcajadas, sin duda, encaja mejor y nos llevará a mejores puertos. 
Recomendable. 
La cuarta fila, ¿sería casual que a través de Internet solo se pudiera acceder a esas cuatro filas primeras? ¿Sería casual que la cómoda ventaja social y económoca de disponer de Internet en casa, en el teléfono móvil para adquirir las entradas pudiera constituir un elemento activo dentro de la performance de Bassi para criticarla más tarde?


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