Se nos graduó el enano, acabó la etapa infantil. Han pasado ya tres años desde que comenzó aquella aventura incierta llamada colegio. Han pasado tantos días que ya olvidé contarlos, porque quizá empezó el enano a hacerse muy grande, más grande aún si cabe de lo que jamás ha sido.
Ayer se nos graduó en una celebración hecha para personas mayores, y más mayor que él no se me ocurre nadie.
Un día Iván nos hizo mayores, nos hizo más adultas de lo que jamás habíamos pensado que nos podía hacer. Llegó armando un ruido tan inmenso, un jaleo tan descomunal, un trajín tan espectacular. Sacudió nuestra inocencia de un tirón, sin avisarlo casi. Llegó un día para quedarse, y mira que nos dijeron que no se quedaría por mucho que quisiéramos luchar contra las fuerzas de la naturaleza materializada en su cuerpito. Llegó y aquí sigue. Ahora graduado, ahora habiendo culminado con creces tres años de selva, tres años de superaciones constantes, tres años de aprendizaje por doquier: él y toda persona que tiene contacto con él. Ayer, con el aforo al completo del Centro Cívico, no había prácticamente nadie que no conociera a Iván. Cada vez que salía un foto de él, rompía la gente a aplaudir, como si fuera un héroe. ¡Campeón! le gritaban, llenas de admiración, porque si algo sentimos ayer es que nuestro enano no despierta sino entusiasmo e ilusión, para nada pena ni lástima. La gente de su alrededor, todas, las familias que han oído hablar de él, las niñas y niños que, aunque sea visual, tienen contacto con él de alguna u otra manera, las personas adultas que entramos y salimos, todas, son objeto de su influjo, de su grandeza, transmitida por esos ojos descomunales, por esa energía que derrocha, por ese carisma que encandila. Nadie, absolutamente nadie es consciente del gran efecto que tiene sobre sus vidas. Porque desde el momento en que Iván entra en tu vida, nada vuelve a ser como antes. Ese poder solo lo tienen reservado algunas grandes personas que, de vez en cuando, aparecen por la superficie del planeta. Ahora nos ha tocado una. Qué grandeza en algo tan pequeño.
1 comentarios :
Iván con su esfuerzo y superación a la vez que se hace grande nos hace al resto pequeños. Tiene un equipo detrás de familiares, amigos y compañeros a los que con sus logros convierte en fans de forma casi automática. Su entorno y él no conocen el verbo rendirse y la facultad con ello de hacernos creer que en esta vida muchas cosas se pueden lograr. Sin duda este es uno de los momentos más grandes para él hasta ahora vividos, con una mochila nada propia para un niño de su edad, no cabe más que decirle ¡¡¡FELICIDADES!!! Y ¡GRACIAS!
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