jueves, 29 de septiembre de 2016

A palos

Acabo de leer los artículos de opinión de Javier Crudo e Ignacio Escolar sobre la hecatombe del partido socialista. Muy acertado, sí. Todo ello me lleva a la no probada, pero casi innegable, idea de que vivimos desde la transición en un "espejismo" de democracia en el que ese instrumento de participación sagrado, las elecciones generales, están manipuladas, como el resto de cosas. El caos que podría acarrear esto sería incalculable. ¡Qué duro es admitir que los mecanismos democráticos son una falacia! ¡Qué vacío infinito confirmar que, cual efecto Matrix, existe esa realidad paralela que configura nuestras vidas comunitarias sin el más mínimo pudor! Resulta más reconfortante criticar y asumir nuestra total y absurda nulidad cívica y ciudadana reflejada en los apoyos al PP en las urnas, que el vértigo de una estafa orquestada desde los comienzos de la denominada democracia cuya abominable culminación de transparente mentira pactada está ahora actuando delante de nuestras narices. Cuando eso sucede, la única opción viable es la desobediencia civil. 
La periodista Olga Rodríguez, en su exposición sobre los datos recabados durante sus años de corresponsal de guerra en varios frentes de Oriente Próximo, indicaba dos únicas salidas a las situaciones de dolor tan insoportables que estamos creando en multitud de lugares sobre la Tierra: una explosión violenta del agotamiento resiliente de las personas que los están sufriendo y la consiguiente caótica guerra absoluta o el pactado cambio de paradigma global y local sustentado en las negociaciones respetuosas y pacíficas, además de pacifistas. En esos momentos, recordé las frase de Albert Einstein: "La tercera guerra mundial no tengo ni idea, pero la cuarta guerra mundial sí sé cómo será: a palos". La destrucción está vaticinada, ¿vamos a llegar hasta el final?

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