viernes, 20 de enero de 2017

Cadencia



CADENCIA: ritmo constante,

epílogo entre capítulos infinitos

explican, a ciegas, el contenido amorfo,

la constante cadencia del ritmo.

Fijas letras en papeles blancos,

aturdidas buscan la línea, la cuadrícula maestra

para no perderse, para no caerse,

para verse como el todo fragmentado de las hojas cosidas de un libro.

Flotan en espacios transparentes,

aturdidas porque buscan, buscan y buscan

papeles para fijar sus cuerpos ampulosos,

sus figuras informes

y conformar al fin el epílogo real de la historia

anónima que las llama.

¡Qué estruendo! ¡qué estrépito,

mientras fluyen, flotan y no hallan la línea maestra!

 

Se deshacen en partículas aún más ínfimas

cuanto más se centran en hallar

las hojas blancas de ese libro no escrito.

Herejes en un mundo de ateos,

sin importar qué piensan, que quieren;

las páginas no escuchan el ritmo cadencioso

de esas letras infames, malditas,

expulsadas del paraíso letrado,

que siguen su curso hacia no saben qué lugar.

¡Qué ignominia tan grande!

son letras de la perfecta historia,

del perfecto escritor nacidas en la hora perfecta.

Y es que cuesta tanto levantar la mirada.

alzar la cabeza por encima de los hombros

y contemplar, por unos instantes,

el caos tan ordenado alrededor,

el trasiego rítmico del fluir incesante de figuras

infames, inertes,

porque son las piezas impolutas de un engranaje prefabricado.

Sobran esa ilusas herejes en el esquema,

sin país, sin casa, sin nada.

 

Levanta la cabeza, sigue la senda de un libro

que no podrá ser tuyo.

Una letra escarlata sobre el pecho delata la existencia

de una fijación necia por querer ser letra impresa

sobre papel satinado,

en cadencia armoniosa de la frase correcta,

del lugar correcto,

y sentirse átomo indisoluble,
ente molecular, ser, ser, ser.
 
1998, 15 junio

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