domingo, 7 de febrero de 2010

oda a una marciana

Capítulo primero. (O... ¿dónde has estado escondida?)
Todo empezó entre risas y bromas, marciana decía ser, y yo, desde mi forma humana sin entender muy bien a mis iguales, no pude evitar la tentación de intentar conocer a dicho ser que aseguraba proceder de otro planeta.
Al principio surgió en mí una curiosidad inquietante, cuanto más contacto entablaba con dicho ser, más atraía mi atención...
Cada vez fueron más frecuentes nuestros debates entre risas sobre las diferencias entre su especie y la mía, comenzó a convertirse en mi hobby favorito, era divertido hablar con una marciana tan interesante, me encantaba esforzarme por intentar descubrirla, no resultaba nada fácil, en muchas ocasiones tenía la extraña sensación de no entender nada, pero ni la dificultad, ni esa sensación, ni el "esfuerzo" realizado, consiguieron que ni un sólo instante tirara la toalla, más bien todo lo contrario, por el camino hasta llegar a ella, el sol brillaba intensamente, el cielo era azul, una brisa agradable acariciaba mi piel y una sonrisa constante se dibujaba en mis labios, ¿qué más se puede pedir?, no esperaba nada, daba igual cual fuera el resultado, no importaba qué encontraría al final del camino, no buscaba nada, no pedía nada y nada pretendía, comencé a limitarme a disfrutar de cada instante, de cada sonrisa, de cada descubrimiento que lograba alcanzar...
Después de tantos buenos ratos junto a ella, cada vez más frecuentes, empecé a ser consciente de que, no sé si todas las de su planeta, pero al menos esta marciana, tenía más cosas comunes conmigo de las que yo podía tener con cualquier otro miembro de mi misma especie, las coincidencias, iban superando con creces nuestras dificultades a pesar de proceder ambas de lugares tan lejanos y distintos...
Ella, se escudaba afirmando llevar mucho tiempo ya entre los de y las de mi especie, yo, pensaba que de ser así, además de interesante, debía ser alguien muy inteligente, ya que en ocasiones resultaba tan parecida a mí y a mi especie que me lograba hacer dudar sobre si realmente sería una marciana.
Tras muchas tardes y muchas noches, tras muchos debates, algunos profundos y otros más superficiales, tras muchas conversaciones interesantes, poco a poco conseguí que me mostrara algo más de sí misma, la información me llegaba con cuentagotas, pero eran gotas de una esencia tan concentrada que lograban calmar mi sed, para mí era suficiente, y además, este goteo de pequeñas cosas, consiguió que yo también me atreviera a "mostrarme" poco a poco como soy, desde un primer momento sentí que podía ser yo misma sin miedo a nada, y así lo hice, es sólo que ahora me atrevía a ir abriendo más y más puertas...
Nuestro interés mutuo por conocernos fue aumentando exponencialmente, cada vez hacíamos más por coincidir, hasta que finalmente, el frío teclado se convirtió en un número de teléfono, que a su vez se transformó en una mano marcando para llamar a un destino totalmente sorprendente e inesperado para ambas...

Capítulo segundo. (O... su voz...)
Después de algunos tonos, acompañados de un puñado de veloces latidos, que palpitaban nerviosos como si la vida se les fuera en cada tono del teléfono, sonó una voz al otro lado, una voz agradable que sonaba cercana, y que, desde mi oído, parecía penetrar en cada recoveco de mi ser...
Sí, era ella, era mi marciana favorita, y aunque fuera la primera vez que su voz me acariciaba, la sentía como si de una vieja amiga se tratase...
Hablamos largo y tendido, nuestra conversación siguió diferentes caminos y todos ellos, confluyeron en un punto que marcaría el comienzo de algo nuevo...
Esa noche, aprendí a sentir de nuevo, sin buscarlo, sin pretenderlo, de una forma totalmente desconocida, el "envase" era distinto, pero no dejaba de ser el mismo contenido...
Dejé que su voz recorriera mi cuerpo, intenté recorrer cada poro de su piel con la mía, me sentía estremecer escuchando su respiración acelerada mientras la mía intentaba alcanzarla para seguir su compás, mi manos adquirieron vida propia como si de las de ella se trataran, podía sentir sus caricias, mis labios se llenaron de los suyos casi sin darme cuenta, no podía dejar de sentir como mi boca conversaba primero con la suya para después hacerlo con el resto de su cuerpo, mi piel notó como sus labios se atrevían a retarla, todo mi ser se convirtió en algo suyo por un instante, permitimos que nuestras mentes dialogaran y llegaran a un punto de no retorno, sentí alcanzar el cielo a pesar de estar sola en una cama que ya anhelaba su presencia, aunque ella ya estaba ahí aun sin estarlo...
Entonces no era como ahora, a pesar de que logré sentir de nuevo, a pesar de haber pasado con ella una de las mejores noches de mi vida en mucho tiempo, quedé perpleja y algo confundida, no sabía cómo funcionaba todo esto, no sabía qué hacer o qué debía esperar y qué no, no sabía qué había sido para ella, al fin y al cabo, no dejaba de ser una marciana prácticamente desconocida para mí.
Así, decidí no pensar demasiado, limitarme a vivir todo lo que me ofreciera y a su vez ofrecerle todo aquello que de mí saliera, de hecho ella misma provocaba sin saberlo muchas de esas cosas de que de mí salían...
Nuestras voces se extrañaban y comenzamos a dejarlas sentirse mutuamente con más frecuencia, ellas quedaban satisfechas y nosotras encantadas.
Tras muchas conversaciones de todo tipo entre su voz y la mía, cuando mi piel ya se atrevía a reconocer su voz y sentirla, cuando la mía se atrevía a rozar su piel sin pedir permiso, un día, sin esperarlo ni planearlo, dimos otro paso hacia adelante que nos llevó al tercer capítulo...

Capítulo tercero. (O... el rostro de tantas pequeñas y grandes cosas...)
Bendita tecnología que un día me permitió verla por primera vez, para después poder verla una segunda, tercera... que me permitió acercarla a mí un poco más de lo que ya estaba y acercarme un poco más a ella un poco más de lo que ya había conseguido acercarme.
Ahora esa voz, esa respiración, esas palabras, esos sentimientos, tenían un rostro, pude identificarlas con un gesto, con una mirada, con una sonrisa...
Pude ver sus labios y recorrerlos una y otra vez, pude ponerle un rostro al placer, mi marciana ya tenía además de una voz, una cara que la acompañaba, una cara llena de contenidos, ahora nuestros silencios tenían rostro, nuestros silencios sonreían, nuestros silencios se llenaban de ella y de mí, ahora nuestros silencios hablaban más alto...
Si previamente ya pude sentirla y tocarla sin conocer su piel, ahora su piel estaba ahí pidiéndome a gritos, "¡tócame!", sus labios no paraban de pedirme que mis besos les propinaran una sutil emboscada y yo ahí estaba, dejándome llevar sin poder evitarlo, escuchando mis sentidos y escuchando a los suyos también.
La atracción no era sólo algo físico, de hecho tal atracción no hubiera sido posible si no hubiera ido acompañado lo físico de algo más, mucho más diría yo...
Sus ojos, el mundo a través de sus ojos no parecía un lugar tan hostil, nada parecía complicado, la palabra imposible dejaba de existir para convertirse en un "quieres, puedes", sus ideas, su forma de pensar y de ver las cosas, su valor y osadía, nuestras constantes coincidencias en una misma forma de pensar o de comprender las cosas, su inteligencia me atrapó en sus redes y no pude hacer nada para evitarlo, nada más que desear seguir ahí atrapada eternamente, nada más que intentar transmitirle mi forma de verme, de vernos, de ver todo aquello que nos rodea, aquello que nos gusta y aquello que no nos gusta tanto, entre acuerdos y discrepancias, siempre conseguíamos llegar a un punto de inflexión de mutuo acuerdo y si no acuerdo al menos entendimiento y respeto, no hay nada que no se pueda decir, no hay nada que omitir, la palabra "tabú" dejó de existir al mismo tiempo que ya lo hizo la palabra "imposible".
Llegadas a un punto, cada vez ansiábamos más el momento de vernos, de conocernos cara a cara, nos faltaba que su cuerpo saludara cálidamente al mío y viceversa, necesitábamos sentirnos, tocarnos, convertir en algo físico algo que ya era muy real.
Y así comenzó nuestro cuarto capítulo...

Capítulo cuarto. (O... por fin llegó el momento...)
El momento había llegado, ya estaba todo previsto y todo preparado, hoy amanecía sabiendo a ciencia cierta que por fin la tocaría, que por fin podría verla, besarla, acariciarla o simplemente que podría tomar un café hablando con ella largo y tendido, hoy el tiempo no existía, existía el momento, hoy comenzaba un fin de semana en el que no me separaría de ella, en el que se convertiría en palpable todo aquello que quisiéramos y deseáramos, hoy pude sentir sus labios por primera vez y desde entonces no he podido desprenderme de su sabor...
Tras una larga espera en la cual la inquietud se iba acrecentando, la imaginación iba volando, las preguntas sobre cómo será o qué pasará ahora cuando la vea corrían incesantemente por mi cabeza, ella apareció, todos esos pasos hasta mi destino final parecían eternos, parecían no tener fin, pero por fin pude alcanzarla y sumirme en un fuerte abrazo ansiado por ambas...
Desde un primer momento no pude evitar sentirme cómoda, no había nerviosismo, estaba tranquila, ya estaba a mi lado, llevándome a esa habitación donde el tiempo se pararía para nosotras, aunque eso es algo que nosotras todavía desconocíamos...
Juntas conseguimos alcanzar ese lugar, sin saber muy bien qué hacer, el tiempo se puso una vez más de nuestro lado, era la hora de la comida, perfecto para saber qué hacer sin tener que pensarlo demasiado, decidimos ir a comer para luego volver a nuestro "rincón", pero lo cierto es que no es lo que deseábamos ninguna de las dos y nuestro deseo se hizo notar, cuando ya nos íbamos, cuando la puerta ya estaba abierta para hacer aquello que creíamos debíamos hacer, pero no lo que en realidad queríamos hacer, ella se paró un instante para preguntarme una vez más si estaba segura de querer hacer eso, teníamos dos planes, un plan A y un plan B, pronto sus labios se acercaron a los míos y el plan A quedó desechado entre sus besos...
Me sentí en deuda con nuestros labios por haber sabido tomar esa decisión que nuestras cabezas estaban a punto de retrasar...
Pronto a nuestros labios se les unió nuestra piel, nuestra cabeza estaba en modo standby, pero pronto nuestra piel nos dijo que esos abrigos empezaban a sobrar, nuestros labios y nuestras manos estaban de acuerdo, ¿quién éramos nosotras para negarnos a sus deseos?, así nos despojamos de todo aquel peso que nos acompañaba y acomodamos nuestros cuerpos, nuestros cuerpos cada una y nuestros cuerpos en conjunto, a cada instante sentíamos la necesidad de despojarnos de todo aquello que no éramos nosotras mismas, y así lo hicimos hasta que sólo quedó la piel...
Su piel, mis labios ansiaban poder acariciarla, sentirla, mis manos cautas la recorrían, mi piel y la suya fueron una, mis labios y sus labios se juntaron deseando que sus besos no cesaran ni un solo momento...
Es difícil de expresar con mi idioma todo lo que nuestros cuerpos hablaron entre ellos, hay lenguajes que no se pueden expresar con el mío, me sentí viva, sentí que la sentía y que ella me sentía, sentí que sobraban las palabras...
Me sentí suya por completo y la sentí mía en ese instante...
Sus manos, sus labios, sus susurros, su cuerpo, su piel, toda ella consiguió elevarme a un lugar tan cerca del cielo que me parecía poder oler las nubes...
En ese momento pensaba, ¿qué más puedo pedir?, pero sí, había más, fuera de la cama que nos acogió, cuando no era sólo nuestra piel la que hablaba, cuando no éramos sólo dos sino dos en el mundo, me sentía tan cómoda y tan cercana como antes, me hacía sentir bien, me llenaba constantemente con su sonrisa, con sus pequeños detalles, con una mirada, con cada palabra que su voz me ofrecía sin esperar nada a cambio, me sentía llena, me sentía yo, me sentía feliz.
Deseaba sentirla de tantas formas diferentes... deseaba llenarme de ella y poco a poco parece que así era...
La noche nos dio alcance y volvimos a ese lugar en el que antes había conseguido oler las nubes, para conseguir olerlas de nuevo en más de una ocasión y para conseguir que ella pudiera olerlas junto a mí...
El sueño también nos alcanzó y nos alcanzó teniéndola en mis brazos, arropándola con mi cuerpo, deseando que no se fuera, deseando congelar ese instante, deseando que nunca amaneciera.
Pero amaneció, el día es una obligada consecuencia de la noche, pero ese día el color del amanecer era otro, era un color nuevo difícil de explicar y tanto nosotras como nuestros cuerpos decidimos darnos los buenos días...
Me encantaba estar con ella y deseaba que el tiempo se parara, que todo eso que estaba viviendo no se terminara, pero llegó el momento y tuvimos que separarnos por primera vez, me costó, me costó mucho contener las lágrimas, no quería alejarme de ella, pero era algo inevitable, se acercaba el momento de partir y mis labios se negaban a separarse de los suyos y a mí me costaba hacerles entender que así tenía que ser.
Ya la pensaba, la pienso y sé que la pensaré, pero desde que me senté en ese asiento que me trasportaría de nuevo al mundo sin ella, no dejé de pensar y ansiar el momento de volver a verla...

Capítulo quinto. (O... y ese momento, por fin llegó...)
Tras tan grato primer encuentro, tras todo aquello que sentimos, todo aquello que reímos, todo aquello que nos ofrecimos, decidimos, o mejor dicho, deseamos, ya que es algo que al menos yo no podía evitar, volver a vernos, queríamos repetir, ahora todo sería diferente, tras un primer contacto entre nosotras, entre nuestros cuerpos, entre nuestras palabras, entre nuestras ideas, un segundo encuentro era innegable, no podíamos privarnos de dicho placer ni queríamos hacerlo.
Y así llegó el que ha sido uno de los mejores fines de semana de mi vida, el tiempo, el contacto, todo lo vivido, todo lo experimentado entre ambas, ha provocado que ahora nuestro cuerpos, nuestros seres, nosotras, nos conozcamos más, la sentí mucho más que la vez anterior si cabe, el momento de verla, ésta vez sí sabía que debía besarla, era lo que quería y no quería reprimirlo, mis labios se volvieron locos al poder sentir los suyos tan cerca...
Esta vez no sólo sentí que podía oler las nubes, esta vez las estaba tocando y ella conmigo, esta vez el cielo no estaba tan lejos, de hecho me atrevería a decir que conseguí tocarlo en más de una ocasión...
Necesitaba perderme en ella y así lo hice, necesitaba sentirla, ansiaba llevarla de la mano al infinito, a un lugar tan lejano que sólo ella y yo podíamos alcanzar y que sólo juntas podíamos hacerlo...
Me perdí en su piel, no existía el tiempo ni la prisa, me dediqué a saborear cada rincón de su piel, me dediqué a empaparme de su olor, me dediqué a sentirla y a dejarme sentir, ella me ofrecía un placer extremo, en ocasiones suave, otras veces más intenso, pero un placer constante, yo me moría por ofrecerle más de lo mismo a ella, me encanta sentirla, sentir cómo me siente, adoro su sabor, el tacto de su piel, me encanta conseguir dialogar con su cuerpo y que su cuerpo sin palabras dialogue conmigo, la conversación de nuestros cuerpos llegó a un punto tan fluido que desee que ese diálogo nunca cesara...
Pero como ya dije antes, es algo que se me antoja imposible relatar con palabras...
Palabras que sin duda hallamos cuando nuestros cuerpos callan, cuando se aproximaba el momento de nuestra segunda despedida, encontramos muchas palabras con las que deleitarnos mutuamente, me encanta hablar con ella, sentir que se puede decir cualquier cosa, sentir que podemos explicarnos, entendernos, respetarnos...
Este segundo encuentro, superó al anterior, ahora ya forma parte de mí, poco a poco ha ido ella misma sin saberlo, sin comerlo ni beberlo, abriéndose hueco en mi vida, ahora ocupa un lugar privilegiado en ella, ahora llena todos esos vacíos y yo casi no me he enterado de cómo ha llegado a ese punto, pero si que sé que ahora está ahí...

Capítulo sexto. (O... ahora...)
Todo empezó por mera casualidad, encontré una puerta entreabierta y mi curiosidad hizo que decidiera entrar a husmear, ella abrió mis puertas sin llamar y ahora aquí está, perenne en mi pensamiento, eterna y constante en mí...
No dejo de pensarla y de ansiar el momento de verla de nuevo, de escucharla, de saber cómo está, dónde, qué hace, de saber si sonríe o está triste, el hecho de no tenerla al lado, de no poder verla y sentirla siempre que me apetece, es para mí una dura prueba, tengo que aprender por el camino, pues es algo que me cuesta, pero si que también es verdad que el hecho de que así sea tiene sus pros además de sus contras...
Para mí todo esto es nuevo, y no sólo por la distancia que se atreve a separarnos, pero lo cierto es que con ella no tengo miedo, nada temo, no pienso en qué hacer o a dónde puede llevarme todo esto que me está haciendo sentir, me limito a vivirlo, a vivirla, a sentirla, a sentirme en ella y a sentirla en mí, la siento cada instante y eso me mantiene llena.
Es cierto que hay momentos en los que pienso que quizás no debería dejar a mis sentidos y sentimientos fluir tan libremente con ella, a veces si que aparece cierto temor a no saber llevarlo y que de un modo u otro pueda llegar a doler, a dolerme a mí o a dolerle a ella, o a ambas, pero ese temor que ha aparecido en alguna ocasión se disipa rápidamente, cuando la pienso, no puedo ni quiero evitar nada, no quiero reprimir absolutamente nada de lo que me hace sentir, mi lema es sin lugar a dudas, el que no arriesga no gana y sobre todo, nunca me arrepiento de lo que hago, sólo podría arrepentirme de lo que no hago, así que aquí estoy viviendo con ella cada día aun sin tenerla a un paso...
A veces me pregunto cómo es posible que me guste tanto, me lo pregunto por como yo soy, porque conozco mi forma de sentir y no es fácil hacerme sentir tanto, en tan poco tiempo, con tanta distancia en medio, y ella lo ha conseguido sin esfuerzo alguno siendo como es, entonces, cuando me pregunto esto trato de buscar una respuesta, y sin duda es una cuestión con fácil solución, ¿que por qué me gusta tanto?, por todo lo que dice y como lo dice, por como es, por su forma de sentir las cosas, por su forma de ver el mundo, por su optimismo, por su valor, por su fuerza, por su sensibilidad, por su libertad, por su transparencia, por su sinceridad, por su manera de respetar y comprender, por su forma de vivir, por su capacidad para saber qué quiere y su capacidad de tomar las elecciones que desea, por su forma de pensar, por como me trata, por todo lo que me hace sentir, porque con ella no hay nada que ocultar, porque siento que me entiende y si no en alguna ocasión no lo consigue por su esfuerzo para conseguirlo, porque me hace sentir puedo ser yo, porque consigue hacerme pensar, porque puede romper cualquier esquema, porque me hace plantearme las cosas desde otro punto de vista, porque me gusta mirar a través de sus ojos, porque con ella el mundo es un lugar bonito y la vida un regalo que disfrutar eternamente, porque con ella el sol brilla cada día, por su sonrisa, por sus lágrimas, por sus besos, por su piel, por la sonrisa constante que dibuja en mi cara, por todo eso y por muchas más cosas me tiene completamente loca y, ¿sabes qué?, me encanta esta locura...

Sin duda alguna espero poder escribir muchos capítulos más de este libro que ya llevaba varias páginas escritas cuando me he dado cuenta de que lo hemos empezado a escribir juntas...

A.

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