martes, 18 de febrero de 2014

Ciénaga

Las piezas de mi puzzle se esparcen impunes sobre el suelo plagado de demente pestilencia para no atreverme siquiera a recomponer la imagen lejana de los principios acabados. El estruendo de la caída retumba a cada paso en un piélago de espesa oscuridad que paraliza mis pies raudos y veloces. Sobrevolando las gaviotas mis pensamientos, avizores miradas vigilando el horizonte pertrechado sobre la cama, sin un sonido perceptible al que agarrarse en fugaz huida al infinito mañana, acechan para hacer presa fácil en gracil vuelo de la libertad. Copada libertad, empañada libertad, contaminada libertad dejó de ser emancipado albedrío el juicio aturdido por la ebria noche en los hombros, por la esclava tristeza en la angustiosa convicción desorbitada, por el dominio del pundonor extraviado, ultrajado, mancillado.

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